EL ADIOS24 nov 20153 Min. de lecturaActualizado: 7 nov 2022 En ocasiones, nos encontramos con que la vida es un vaivén de ironías, simplemente una incoherencia en la que nosotros somos parte de ella, nos encontramos en esa vida con una sociedad irrealista, un sociedad que no es capaz de ir más allá del conformismo, nos encontramos con una sociedad que no es capaz de percibir más allá de lo que ve, se limita y se queda en el punto en donde si le favorece allí se queda, sino ahí sí se inmuta por buscar algo más, nos encontramos con que somos personas tan diferentes; pero tan similares a la vez, cada una a su manera se deja absorber con una idea que la sociedad impone y nosotros día a día nos vamos abajo con ella, nos encontramos con que es más importante una última conexión en el whatsapp, que una mirada sincera, nos encontramos con que es más importante buscar una red de wi-fi que hablar y disfrutar un café con aquella persona que desee compañía… Perdonen si ofendo sus ideales al expresar una idea de mis adentros, pues me encuentro maravillosamente con que soy una persona soñadora con un ideal del mundo tan diferente o tan similar según la manera de observar y percibir, vemos como cada persona está dotada de cantidad de sentimientos, algunos más fuertes que otros, unos más sinceros que los anteriores, unos vacíos, otros felices, otros llenos de tristeza y melancolía. Particularmente, suelo recordar más fácil a los tristes, a los amargados que a los felices; me pregunto todos los días por que se me hace más fácil recordar un sentimiento que se llevó mi paz y mi felicidad que recordar el momento aquel en donde no había nada más que eterna paz interior y con los demás, pues.. Siempre llego a la misma incógnita, no puedo encontrar un motivo por el cuál sea más fácil recordar lo que me hizo daño a lo que me hizo mejor persona. Somos personas que siempre esperamos más de lo que damos, más de lo que llegamos a ofrecer al otro, y ahí es donde podemos decir que somos una sociedad idealista, una sociedad que se basa en recibir antes que en dar; en odiar antes que perdonar. Somos una sociedad en donde pedir perdón se convirtió en un nudo en la garganta de muchos, la palabra de los cobardes y el sentimiento de los sensibles… ¡que triste y vana realidad!… ¿Desde cuándo perdonar y ser perdonado se convirtió en una batalla de nuestro interior? Es verdad aquello que dicen que los peores viacrucis son aquellos que llevamos dentro, son aquellos viacrucis que nos hacen precisamente olvidar el camino tranquilo, sereno y muchos nos desviamos del horizonte que nos rodea, nos encerramos en un laberinto en donde no cabe el consejo, no cabe un abrazo, no cabe nada más que sentimientos de egoísmo y desolación, nos quedamos atrapados en el orgullo en donde ese orgullo nos lleva a caminos de soledad, como dicen por ahí: “Al final recibes a la soledad como tu vieja compañera.” Esto deja mucho que cuestionar: ¿Por qué recibir a la soledad cuando tenemos un mundo entero a nuestro alrededor? Creemos que todo es cuestión de dejar que la vida te traiga cantidad de cosas, esperamos tanto del tiempo, del universo; mientras nosotros estamos sentados simplemente esperando a que algo grandioso o elemental pase en nuestras vidas, y al final lo único que pasa y no regresa es la vida misma, dejamos que el tiempo pase teniendo rencores, odios y vacíos en nuestro diario vivir, dejamos que se lleve oportunidades para nosotros irónicamente pensando que es ella la que nos va a hacer realidad aquello que queremos, nos da la oportunidad de abrir los medios para hacer las cosas, ella nos da un aquí, un ahora, un presente y un anhelo del mañana; dándote la oportunidad de remediar errores, atar lazos sueltos y construir unos nuevos, somos nosotros los encargados de cambiar una realidad vacía y llena de superficialidad, los encargados de permitir vivir un mundo diferente, un mundo en donde no vamos a esperar si no actuar. #texto
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